
De ayer a hoy he modelado una campana
Dentro del hueco de lo que fuera mi garganta.
Los sinsabores y los amargos dolores,
Las penas mudas y los sordos deseos,
Son notas distanciadas que se doblan y cuelgan
De las cuerdas del paladar,
vibrantes como un puñetazo recién asestado
Enseguida caen y se atenúan,
La partitura continúa,
Otras notas las empujan,
Ya no duelen, ni apenan,
Ellas mismas son las que sufren y dan pena,
Al verlas en tan lamentable estado,
La fuerza desmedida con la que embestían en el pasado,
Es una caricia, un leve roce de pieles malavenidas
Que tan solo se hacen cosquillas:
Notas sincopadas que brotan y se multiplican
Como retoños risueños al pie de los viejos árboles del bosque
A punto de ser talados.
Tal es el sonido que me sale de dentro,
No lo oyes, es cierto,
Es el sonido del silencio.
Así es el lenguaje cuando tú estás en un extremo
Y yo en el otro.
Tu estás tan lejos…
Yo soy el campanario que se avista en el horizonte.
Te alejaste…
Cada uno de tus pasos golpeaba mi garganta
Mientras marchabas
Camino del cementerio
Eso fue ayer… hablemos en presente.
Es por mí por quien doblan las campanas,
Si mi alma calla.
No eras tú si no a mí a quien enterraban.
De ayer a hoy, entre todas las campanas,
Solo una canta
Levántate y anda,
La campana que he modelado
Dentro de mi garganta.
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