Aquellos días… ¡Oh!
¿Realmente fueron tales
Que merezcan exclamarse
con exhausta pompa?
¿Quién sabe?

Y sin embargo,
Solo su recuerdo me conforta
Ya fueran tales o supuestos
Cuando se agota el día, este día,
Y una sola cosa me tortura:
Mañana vendrá
de nuevo el mismo día.

Aquellos mis días, ¡qué ternura!
Que hinchan mis pulmones,
De tibio aire marino, de paseos junto a ¿quién?
Mi pecho que flota mientras adivino,
Puedo pero no quiero, mentar el nombre
De quien un día me puso la soga al cuello
Dejé de ascender y me quedé atrapado
Varado como un globo
Entre las ramas desnudas
De una acacia trémula
Igual que ahora,
Hora de desventura,
Con mis ojos quemados del sol
que sólo brilló en el recuerdo
de aquellos días.
Ojos cegados que miran
Unas manos caducadas
huérfanas de cuerpo
que tientan en el aire que se escapa
del globo pinchado de mis recuerdos,
el rastro de la cuerda que un día
sujetaba mis pies descalzos
a la arena de la playa,
y ahora, esta hora que termina el día,
solo encuentra la soga suicida
que me adorna el cuello
mientras el recuerdo expira.

Aquellos mis días…

Días interminables, días sin malicia
De risas fraternales, para conjurar los males
Días que estaban por venir:
Siempre el día siguiente volvía.
Ayer y mañana eran el derecho y el revés
Del día que vivía,
El hoy calzado
Como un calcetín para los dos pies.

Quiero recordar aquellos días,
Con un ¡Oh! De mortal redondez
Que inspiren mis pulmones hasta que se rompan

Para llenar estos mis días de recuerdos elásticos
Que me hagan subir a las frondosas acacias
Donde anidan los recuerdos de otros mis días,
Ya vendrán días para los Ayes,
Para vaciar el aire y llenar las fosas
De lágrimas rancias y mugrientas rosas,

¡Oh! Aquellos días que recuerdo hoy,
Cuando el día deja de ser día y se
Muda de ayer.
Momento incierto en que por una vez
Dios baja del cielo, me toma de las manos
Y como un globo se desliza,
Desde arriba me susurra:
Respira.