Qué extraño, volver a casa y encontrar la puerta cerrada,
Lo habitual era encontrarte amarrada al marco,
Tus manos de bisagra y tu cara tapiada
Mirando afuera, si era yo el que llamaba…
Tu pecho de madera,
Crepitaba cuando mis manos lo acariciaban,
En la distancia.
Solo ama el que espera,
Por eso te quedabas ahí apostada, en alerta,
Hasta que yo llegaba,
Yo te abrazaba,
La puerta se cerraba, sin darnos cuenta.
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