Dejamos ayer al ilustre vecino de BarrioPedro maquinando una insignificante venganza contra su jefe. Eso ocurrió después de quedarse ayuno de su ración matinal de la convexa perspectiva de las tetas de Butana. Si éstas hubieran estado donde habitualmente solían exhibirse, la venganza no hubiera ocupado los pensamientos del barriopedrense, sino que aquél hubiera tomado el ascensor hasta la planta 420 (acuérdense que estamos frisando el tercer milenio), el lector óptico de la puerta hubiera tomado una muestra de las pupilas soñolientas del barriopedrano, gentilicio también aceptado en ese distrito de la capital, y el algoritmo de seguridad le hubiera permitido la entrada a la oficina, “Here comes the neighbourgh-peter’s” hubiera exclamado el chip, ya que estos chismes parlan en pérfido inglés. Nuestro hombre, tras colgar en su taquilla el abrigo, se hubiera dirigido a su mesa y tras encender el ordenador hubiera bajado a la cafetería de la planta 400 a desayunar con su colega Propano.
—“Vaya atasco en la M-800”, comenzaría Propano.
—“Yo vengo en micro (futuro metro) Propi, recuerda”.
—“Viste ayer el partido”
—¡Cómo! Vaya golazo les coló Stuchev.
—Ahora, le he estado dando vueltas en el atasco, tiene razón Rudolfini; chico, el fútbol es así. No hay que menospreciar al adversario, que luego pasa lo que pasa.
—Que se jodan los del Villalpando, qué orgullosos son los cabrones.
Esta parte del diálogo es variable, según el partido. A excepción de la apenas docena de días al año en que no hay partido. Sin embargo, una carrera de Fórmula 1, un partido de tenis, incluso un partido de Badmington entre el Bangalore y el Melbourne puede servir de apaño. Atentos a la parte invariable:
—Hace un frío que pela hoy.
—Pues yo vengo la mar de caliente—, apostillaría inteligentemente nuestro eximio barriopedrado
—¡Y eso! ¿A quién has visto pillín?
—Esa zorra, de cara no tiene un pase. Ahora bien, yo la pongo una bolsa y la daba un viaje…
La extraña relación entre la meteorología y la magra femenina no debe tomarse por baladí. He aquí la autoridad irrefutable del sabio refranero: “Tiran más dos tetas que dos carretas” o el que viene mejor al caso “confundir el culo con las témporas”. Ayer vaticinaba que este tipo de bravuconerías machi-ibéricas seguirían siendo las mismas para el 2098.
Supongo que ahora esperarán de mí que vaya al meollo del asunto y lucubre sobre las razones por las que en los varones, mayormente cuando se agrupan con sus homólogos de entrepierna, tienen este tipo de pensamientos pililares. Pues no. Eso me llevaría a concluir que los hombres han evolucionado poco respecto de las mujeres, que éstas para sacudirse el yugo machista se han vuelto más avispadas, que están a punto de hacerse con el timón del mundo y que a los varones no les queda otra que consolarse tumbándolas a pollazo limpio, aunque solo sea en su imaginación barriopedrina. Sin embargo, no soy tan zoquete como para caer en ese tipo de simplonerías. La verdad no puede ser tan obvia. Además, oigan, recuerden que yo soy Fulanez el que por las mañanas se levanta con una sola preocupación: elaborar un apotegma trascendente que le permita a Menganez elaborar un sesudo análisis de la actualidad cien años después.
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