Mañana al despertar quisiera pensar que tengo el día por delante. Eso sería apostar a ganar. ¿Qué habrá de pasar o qué habrá pasado para que tenga que sentir que no habrá de ser un día más? Antes o después la respuesta me aguardará pegada al pecho, donde permanecerá hasta que un pálpito la hinche para seguidamente vomitarla como la sentencia de una tragaperras. Lo habitual es perder, incluso si gano. El premio siempre me lo arrebatan los acontecimientos, esos taimados carteristas. Le voy cogiendo el tranquillo a su modus operandi, sin embargo. Un día de estos, mañana a no más tardar, no se saldrán con la suya. Me tapo con este deseo mientras me voy durmiendo; para soñar que les echo un pulso. Si lo gano o lo pierdo, sólo lo quiero saber despierto. El dolor en la muñeca izquierda me indicará la diferencia entre la exhalación y el bostezo: el tiempo que tengo o el que me queda, si me quedarán fuerzas para desbrozar mi propio camino, o tendré que mendigar en las cunetas de la carretera por donde la rutina me conduce. Me tienta la idea de permanecer en vela: nunca se sabe cuando el ladrón acecha. Quizá me hayan calado, y quieran robarme la cartera, a estas horas, que no son horas, no es costumbre ni son maneras. Con un manotazo al aire aparto esa mala idea. Así ejercito las muñecas, y sigo escribiendo, que es otra forma de calentar para el combate nocturno y estar preparado para mañana. Sea lo que sea, no será por no buscar pelea. Hace tiempo que distingo la bondad de la mansedumbre. He puesto mi empeño en ser bueno, justo cuando había empezado a dejar de serlo, por no querer ser manso; por no querer ir de la mano del giro de la tierra, adonde el sol se pone y dicen que está el lugar donde la felicidad se alcanza. Quiá. Allí no se me ha perdido nada. Lo supe el día en que un pálpito dejó impreso un mensaje pegado al pecho que así lo aseguraba; una carta que no me birlaron los secuaces de la Parca.
Para ―rezaba a modo de parco saludo.
Por ahí no vayas.
Date la vuelta, toma fuerzas antes de emprender la marcha,
para sostener la tierra con tu palma.
No vayas donde el sol se pone, sino donde se levanta.
Que sea esta tu cruzada.
Por ti y por los que vengan,
y los que traigan con ellos.
Porque mañana y los mañanas que sigan
sean realmente buenos.
Leave a reply