La gravedad: ley de leyes; carta magna del magno planeta. Los pies en la tierra. La tierra camaleónica que bajo incontables formas nos lame las plantas de los pies. En pie nos mantiene con una fuerza precisa, matemática. También moral, si nos mantenemos erguidos, si observamos la ley: cuando conservamos los sentidos ajustados para escuchar el silbido del viento que mece nuestras manos y braceamos en el buen sentido que nuestro destino construye, sin invadir el carril de destinos contrarios; metro a metro, segmentando el tiempo en compases armónicos, acoplando el sonido de nuestro cuerpo en sincronía con el resto de la orquesta del universo. Efímera melodía, eternamente interpretada. ¿Quién escribe la letra, quién imagina la música? Escucha. Participa. Observa la ley. Respeta la ley de leyes. Permanece levantado, aún mientras duermes. Como los árboles. No permitas que ningún hacha, por muy afilada, hienda su cuchilla en tu tronco. Que al final de tus días, tu féretro no sea la madera del tocón del árbol esbelto que un día fuiste. Estate atento solamente al momento en que el Hacedor baje la batuta y deja que lianas de luz desciendan sobre tu ramaje. Leva entonces las anclas que mantienen amarradas las hojas de tu copa, y déjalas libres balancearse ingrávidas entre el incienso de las nubes, déjalas volar. Vuela tú también con ellas. Los pies en la tierra siempre. La tierra es tu zapato. Siempre. No te descalces nunca.
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