¿Dónde habrá ido esta mujer tan de mañana? No se puede estar quieta en la cama, ni siquiera un día como hoy, que es fiesta en todas partes. Y tan de mañana, vamos que no estaban ni puestas las calles cuando ha cogido la puerta y ha transpuesto escaleras abajo. Luego dirá que no me entero, que estaba como un tronco. Para no enterarme, menudo estropicio monta la muchacha. Pasillo adelante, pasillo atrás. Que entro que salgo. ¡Qué trajín, por Dios bendito! Y a cuerpo gentil que se ha ido, aquí está su abrigo colgado, con los hielos que han caído esta madrugada. En fin, ya acudirá. Heme aquí. Voy a hacerme un café. Luego recojo un poco la casa, friego los platos, hago las camas y preparo algo de comer. A ver si así, cuando vuelva, tiene valor a decirme que no valgo para nada, que sin ella no soy nadie, que los tíos de mi generación somos unos inútiles, que donde va a parar con los muchachos de hoy en día, educados en la igualdad y todas esas pejigueras. ¡Ay si volviera yo a nacer me iba a juntar con un tiajo como tú! Parece que la estoy oyendo. Ya ves tú, como si para darle al estropajo hubiera que estudiar en Salamanca. ¡Ostica bendita! Otro plato a la mierda. Si es que hoy en día hacen las cosas de chicha y nabo. Voy a poner la radio mientras termino esto. ¡Cómo está España! Todo cristo no piensa más que en robar. Estamos como en el 34, igualico. Esta me dice que soy un exagerado, que no me entero del “fluir de los tiempos”. Si les hubieran fluido cuatro hostias a más de uno que yo me sé las cosas irían mejor. Parece que me ha salido un poco flojo este café. Me recuerda al aguachirri del bar aquel de Caspueñas. ¿Cómo se llamaba la tía petarda aquella que servía? Qué cabeza la mía. Esta seguro que se acuerda. En eso lleva razón, las tías tienen una memoria de elefante. Ya ves tú, los animalicos, qué tendrá que ver que tenga la cabeza gorda. También la tengo yo y mira. Suelta a un paquidermo de esos en la Gran Vía a ver si se acuerda de volver a la selva. Pues esto va que chutas. Y ahora la camita. Le voy a hacer un doblez en la cobertura como en los hoteles de postín. Ya la estoy oyendo. ¡Me quieres decir a qué son viene dejar eso así! Anda y que se joda. A mí me gusta. Y aquí voy a dejar dos manzanas, una golden y una reineta. Y la bata aquí tendida. ¡Ale! Como en las revistas de decoración. No es que lea yo esas mariconadas, pero chico, los tiempos de espera en la consulta del médico hay que rellenarlos de alguna manera. Y lo que digo yo, no valdrán poner el As o el Marca. O el interviú, mira tú por donde. Claro que con tanta Maruja, ellas ordenan y mandan. Porque eso sí, aunque no lo quieran reconocer, ellas tienen más achaques que nosotros. Y son más hipocondríacas. Que nosotros lo llevamos peor, que no aguantamos un bocado en la polla, con perdón, está claro. Pero ellas llevan peor el paso del tiempo. ¡Anda coña si no he abierto la ventana para que se ventilara esto! Voy a esparcir un poco del fusfús este que tiene aquí la parienta. Aroma de jardín de rosas. Chico, a mí me huele, no sabría decir, raro eso sí. El caso es que ya no huele a rancio. Pues no se me ha ido casi toda la mañana. ¡Virgen Santa, la una! Y esta mujer sin acudir. ¡Qué pendingues coge últimamente. ¿Se habrá echado un amante? Quiá. A ver qué hay en la nevera. Voy a hacer un guiso de chuparse los dedos. Una sopita con sustancia, que es lo que pide un día como hoy. Y de segundo, unos filetes rebozados. Una ensaladita para acompañar, y con eso vamos habiados. ¿Dónde habrá puesto esta mujer el perolo de barro? Claro, luego dice que ella se aclara. Miálo. Qué misterio tendrá ponerlo ahí con el detergente de la lavadora. Ahora que lo menciono, voy a hacer la colada. Ya que estoy. A ver, por partes. Un par de litros de agua, un poquito más. Ya serán tres. Una cebollita, un par de zanahorias, un tomate, sal, un hueso de jamón… No sé si echarle estas sobras… A tomar viento, alguna sustancia tendrán. No sé yo. Un par de pastillitas de estarlux… Sal, poquita, que no tenemos la tensión muy católica. Bueno luego cuando hierva lo pruebo y si acaso está soso le echo una latica de anchoas. Pues si que me he puesto bueno. Voy a cambiarme, no sea que venga y me vea con estas lámparas. Para qué queremos más. Para dentro. No sé qué programa le pone esta. Delicado. Pues este, para curarnos en salud. Noventa grados, a hacer puñetas. Ves que sencillo. Y ahora a esperar. ¡Ay si estuviera mi Eugenia para verme, qué orgullosa estaría! Aunque le costaría cielo y tierra reconocerlo. ¿Dónde habrá ido? Qué pendingues coge últimamente. Todas las mañanas, que ni están puestas las calles, sale disparada de la cama, y traspone como alma que lleva al diablo.