Me he ido reduciendo al paso del tiempo,
para ir despierto, con los ojos abiertos,
al cielo, al infierno, donde me lleve el viento.
A coser los trapos de cuando estaba muerto,
retales ajados que me sirvieron de viejo,
que usé de niño, recién descubiertos,
los fui heredando de otros cuerpos,
hasta que rotos, sucios y macilentos,
cayeron como hojas de invierno
al pie de un esqueleto.
Ya no necesito llevarlos puestos,
estoy desnudo en medio del desierto.
así hay que estar para ser eterno.
Mas quiero tenerlos, son mi atrezo,
por si me encuentro con el Juez Supremo,
y rendirle cuentas como hay que hacerlo,
presentando los hechos como fueron,
mi parlamento completo dicho con respeto.