¿Qué hacen aquí estos árboles
en medio del camino?
¿Quién los ha plantado?
¡Qué lejos me he ido!
para quedarme quieto.
Tupido miedo.
Frondoso silencio.
Gruesos troncos,
altos tallos lisos
sin brotes ni corteza.
Juntos alzados, pegados de costado
el aire apretado, el espacio sin tierra
el día entornado,
al otro lado de una puerta
de barrotes encendidos.
Las raices enlazadas
entre eslabones de grilletes
con mis pies de alimento.
un sueño colectivo, las copas.
Un pájaro negro vuela
perforando la madera.
Líneas cruzadas
entre palotes verticales
llevan la cuenta
de los reos tumbados
de los pasos parados
y los cepos cerrados.
Mi cuerpo es un bosque
de miembros sembrado:
leña mutilada
que arde rociada
de resina y sabia.
Pavesas desprendidas
del crepitar de la hoguera:
los ojos que miran
y buscan la salida.
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