¿Qué te voy a contar que no sepas ya?
Si abro la boca y me sale tu voz.
Me preguntas qué te pasa y te digo nada
Un metro de distancia entre los dos
Cuatro palmos, tus manos, mis manos
sin rozarse los dedos
qué corra el aire
palabras al azar.
Cuenta conmigo me dices
y sonríes con copos de nieve
entre los dientes.
No te creo, no me fío
ya no tengo el alma
para enseñarla
Ya ves, todo pasa
todo cambia.
En la casa sin ventanas
donde nadie nos veía
y mirábamos la vida pasar
nuestras palmas alzadas
sosteniendo cielos
viendo crecer la hierba
las estrellas caminar.
No hay espacio,
no cabemos
Somos dos que buscan
lo que no son.
El techo sobre la espalda
de rodillas por el suelo.
Qué fue de todo aquello.
De tus manos empujando
para no caer.
Cuándo se cerraron
Cuando se abrieron
para regalarme carbón
dulce estorbo
todos los años
una vez como excusa
para volvernos a ver.
Concertamos una cita
no con nosotros
sino con el dentista
para contarnos caídas
y vueltas atrás
idas y venidas
nuevos rostros
que encontramos
que besamos
sin apenas hablar.
Nos damos envidia
qué más da
es tu vida,
nos decimos
por no decirnos
la verdad.
De cuando nos teníamos
sin más.
Salíamos al encuentro
como el río hacia el mar,
al doblar cualquier esquina
con el pecho abierto
de par en par.
sin andar haciendo muescas
en las hojas de la agenda
pasando fechas
sin tenernos que cuadrar.
Cuando puedas, yo no puedo
me llamas, me extraño
me es igual, ahí estás.
Hoy no, mañana quizá.
Por fin nos vemos
y vuelta a empezar.
¿Qué me pasa
que no sepas?
Hablar por hablar.
Otro día te lo cuento.
Le digo al viento
mientras te vas.
Siempre queda
algo pendiente.
Una cuenta que ajustar.
Me acuesto y sueño
que se me caen
los dientes.