Como lobo hambriento que corretea sobe la piel de un mundo disfrazado de estepa; que hinca sus zarpas en un intento vano por desgarrar su atuendo falaz y desvelar la esencia bruta de las cosas, el fruto desnudo que constituye su alimento; y no consigue sino levantar una estela polvorienta de células muertas tras de sí, nada que llevarse a la boca. Al anochecer regresa a su guarida donde se consuela a sus anchas con el aullido lastimero y rabioso de su garganta. Atrás quedan las huellas fatigadas de su andadura diaria que el viento cómplice borrará en la noche y así burlar una vez más las emboscadas que los cazadores le tienden. En la soledad de su refugio conjurará el sueño, mecido por la nana que el hilo de su voz, resumido en una nota aguda e interminable inunda el ámbito profundo y oscuro de su caverna, que poco a poco irá moldeando el soliloquio de cada uno de los personajes que irán apareciendo, desdoblados y multiplicados sobre el escenario del teatro mágico en que se transformará su escondrijo.
Así nacen las fotografías de esta serie. Mística. Como lobeznos de una estirpe abandonada a su suerte. Miembros de una extraña y numerosa camada, de hijos propios y bastardos, quien los distingue, estallados en su vientre, nacidos de la digestión de pastos tan venenosos como imaginarios rumiados en la estepa: la fe y el sacrificio, el tiempo y la penitencia; la comedia de la vida y la tragedia de la muerte, el mismo rostro con distintas vestiduras; hitos que marcan la vía que conduce hacia la superación, hacia la supervivencia, hacia el encuentro y la huída, hacia la cita que se elude durante toda la vida.
La trampa donde no se quiere caer. La fecha que se quiere dejar atrás o que se prefiere no alcanzar nunca. La parte más auténtica de si mismo que aflora una vez, solo una en la vida, con la que sueña y en cambio combate con denuedo. La vida que nace de noche mientras duerme, mientras sueña. Que cree haber matado, devorado entre sus fauces. A la que niega su inmortalidad, y que aún agonizante, maltrecha y mutilada, renace y muta parasitada en los lugares donde se fragua e incinera sus anhelos más puros y sublimes. Ese lugar, es su morada, y a la vez, paradójicamente, su cárcel. El escenario del teatro mágico y secreto, a donde huye, donde se esconde y nunca le encuentran, donde se humilla y redime en los personajes que mueren aniquilados por la oscuridad mientras amanece.
La Fotografía. Nº114
Leave a reply